CAPÍTULO TREINTA Y TRES Keri y Ray paseaban a lo largo de la calzada, saboreando sus conos de helado, con Evelyn a diez pasos por delante de ellos. Ahora con tres meses fuera del cautiverio, su hija todavía tenía la capacidad para maravillarse de las cosas más pequeñas. Se detenía ante el escaparate de una tienda con tal intensidad que casi asustaba. Contemplaba un despacho legal o una barbería con la misma atención que le dedicaría a una tienda de juguetes. Keri lo encontraba adorable mientras trataba de no pensar demasiado por qué Evelyn encontraba todo tan fascinante. A pesar de eso, observarla hacia olvidar a Keri la fealdad e incertidumbre del día. Hillman le había dicho que no había más nada que ella tuviera que hacer esa noche y ella había decidido creerle. Ella no había pensado

