—¿Estás cocinando?— Blaire aparece en el marco de la puerta con una sonrisa entre sus labios. Arden la observa coqueto, no pudiendo dejar de acostumbrarse a verla con sus remeras por su departamento. Parecía ayer cuándo se le había encomendado cuidarla y recién conocía a esa pequeña bebé pelirroja que no tendría idea qué le cambiaría la vida a un vuelco total. Y claro qué había sido, desde el momento uno una completa montaña rusa y un remolino de emociones y de sensaciones qué acompañaban la vida qué Arden tenía desde qué se le había puesto la misión de Blaire. —Eso intentaba, de forma mundana.— Le guiña un ojo y le acerca una copa de vino. —Asi qué espero qué tengas hambre, muñeca.— Sonríe mirándola de arriba abajo. Más allá del latiguillo de qué no habían parado de tener sexo desde

