Blaire se enfoca en mantener su cabeza ocupada, ayuda a Silvye en su hogar, tras un pequeño cambio de estilo que la druida le había querido dar al mismo, pareciendo ser el fin de una era para ambas amigas, y una forma de renovarse. Si bien, no era la mejor amiga del guardián, eso no significaba que no se hubiera sentido frustrada por no haber detectado a tiempo las maldades que pasaban por su cabeza y todo lo que había planeado detrás de la espalda de la pelirroja. Siendo, Silvye, quién con más culpa se sentía a todo momento, debido a que tenía el cargo de ser la druida de aquel demonio mayor, y ahora dándose cuenta de que ese demonio mayor nada más y nada menos que la hija del diablo, la culpa recaía completamente sobre sus hombros. —¿Segura qué estás bien?— Traga saliva y deja a un

