Esa noche Gael la pasó con la mirada fija en el techo de su habitación, sin distinguir nada en la oscuridad y escuchando el murmullo de la ciudad. De noche ladran perros, pasan vehículos y la gente pisa tan fuerte al caminar que oyes claramente sus pasos.
Hay tanto que pasa desapercibido en la vida para nosotros hasta que algo nos hace despertar de ese embrujo. Lidia sin intención lo había despertado de un sueño muy largo y agradable. No recordaba haberse cuestionado tanto a sí mismo y a los demás antes de ella.
Su mente era la aguja sobre un vinilo repasando una y otra vez todos los momentos en los que dijo o pensó alguna idiotez sobre Lidia durante esos tres meses juntos en el gimnasio. No quería seguir pensando en que toda la fuerza con la que sobrellevó el prejuicio de todos en el gimnasio era por causa de ese tal Camilo, ¿Qué tenía de especial ese sujeto?
Todo el tiempo creyó que a Lidia poco le importaba la opinión de los demás tenía la impresión de que si se había metido a la boca del lobo era porque no le temía a sus dientes. No respondía a ningún reclamo, simplemente se corregía y lo volvía a intentar. Siempre lo volvía a intentar y pensó que esta vez sería igual. Que sin importar cómo se sintiese le sonreiría nerviosamente y obedecería.
Nunca había sido insistente con ninguna chica, no era necesario. Cuando él se insinuaba ellas siempre aceptaban y cuando era al revés el tampoco era de rechazar, aunque fuese solo una salida. No necesitaba pensar en ello demasiado. Así que si lo que deseaba era salir del empacho de conocer mejor a Lidia, no podía desanimarse al primer intento.
Al día siguiente apareció nuevamente en casa de Lidia. Mariela me abrió la puerta, sin ningún formalismo lo agarró de por la muñeca y tirándolo dentro dijo seria
Necesitamos un plan.
Dentro Gael se quedó de pie viendo cómo Mariela se movía de un sitio a otro escupiéndole información sin parar. Tomó la iniciativa de ponerse más cómodo sentándose en el sillón.
Lidia había llamado al gimnasio, se enteró del asunto del vídeo, sobre el dinero que no estaba recibiendo Gael y en qué se lo habían gastado. Averiguó también el horario de trabajo de Gael para no estar en casa cuando el apareciera y no planeaba volver hasta estar segura de que no lo vería allí.
—Odio cuando actúa con la cabeza fría. ¡No tengo como ganarle! — Suspiró Mariela después de contar todo esto.
Gael estaba divertido. Mariela hablaba de todo el asunto como si Lidia le hubiese declarado la guerra. Muy lejos de la realidad.
—No quiere verme, tampoco es el fin del mundo ¿Sabes? — Habló Gael intentando tranquilizarla, escondiendo su propia decepción. Ella fue por un par de cervezas y le ofreció una a Gael.
—Si lo es, creí que le gustabas…—Mariela bebió la lata de un gran sorbo y la apretó con todas sus fuerzas —Quisiera saber dónde está metida, no puede ir a la empresa, así que no tengo idea. Además, es tarde, dudo que pase mucho tiempo en la calle, le asusta salir cuando oscurece. Piensa que los delincuentes emergen del asfalto o algo por el estilo.
—Entonces debe estar dentro de algún edificio…—Opina Gael sin darse cuenta que está cayendo en el juego de adivinanzas de Mariela.
—Si, pero ni idea dónde. No somos el tipo de persona que va a recorrer el centro comercial... ¡que chiste tiene ver ropa si nada te va a entrar!
Estuvieron casi veinte minutos jugando a adivinar en el sitio que podría estar. Gael aprendió un poco más de Lidia al descubrir que solía ir al teatro y que ama los eventos culturales, supo también que suele ir al cine sin compañía.
—Recuerdo que solía ir a un salón de libre acceso dentro de la universidad incluso los sábados, porque contaban con electricidad y clima temperado en los que puedes conversar libremente. Si no está en ese salón, la siguiente posibilidad es que se fue en un cohete a Marte…
Sin mucho pensarlo, Gael siguió los disparates de Mariela y acabó yendo hasta el campus de la universidad para buscarla. Ciertamente era algo innecesario, pero sentía que si se marchaba sin hablar ya no tendría otra oportunidad de cruzar palabras con ella. Y Resultó ser que habían asistido a la misma universidad en la misma época, solo que fueron carreras diferentes. Pidió la dirección a Mariela y resultó que estudiaron en el mismo sitio, solo que carreras diferentes. Quién sabe cuántas veces se topó con ella y no le prestó la más mínima atención.
Tardó más de lo que quería en llegar al salón, se encontró con demasiada gente que lo recordaba con afecto y no quiso negarle el saludo a nadie. Cuando les preguntó si vieron a Lidia pasar nadie estaba seguro. Pensó que tal vez Mariela y él habían sacado conclusiones equivocadas, pero luego recordó ese día que Lidia llegó muy temprano al gimnasio y nadie sabía dónde estaba, esa vez, cuando al fin la divisó y le hizo el comentario ella le sonrió intentando esconder su pena y dijo:
"a pesar del espacio que ocupo estoy acostumbrada a ser invisible"
Esta es la segunda vez que piensa en esa frase, y cada vez parece entenderla más. Ella es tan silenciosa y melancólica que es pasada por alto frecuentemente. Tendemos a ver solo a aquellos que se quieren mostrar, y Lidia quiere desaparecer del mundo con tanta fuerza que a veces logra que nadie note que está presente.
Al fin entró al salón y la vio en un rincón cabeceando por lo cansada que estaba, pero sin dejar de teclear en su computador. Tenía unos audífonos gigantes puestos que vibraban dando a entender que su música estaba a tope, y que lo que sonaba no era Carly Rae, estaba escuchando un género musical del que Gael nada sabía… Cannibal Corpse…
Probablemente habría entendido que esos cabeceos eran mitad cansancio y mitad dejarse llevar por la música. Gael no fue inmediatamente por ella, se quedó observándola. Pensando en que él también había estado en este sitio muchas tardes y no reparó en la presencia de Lidia en ningún momento.
Lidia cerró la computadora, la guardó dentro de su mochila y usó está última como almohada, flexionando sus brazos para usar sus manos como amortiguación para su cabeza. Dormitaba con una lágrima resbalándole por la mejilla al mismo tiempo que se oían como susurros los ruidos guturales en la música.
Gael tomó una silla y se acomodó a su lado. Tenía la intención de hablarle, pero al instante se sintió tonto y arrepentido. De golpe unió las piezas del puzle, entendiendo que Lidia Escapó de su propia casa para no verlo y está aquí, llorando a las diez de la noche lejos de todo lo que le resulta cómodo y agradable.
¿Qué tanto más tengo que torturar la para entender que lo único que conseguí en todo este tiempo fue que me odie hasta las lágrimas? —Pensó con dureza consigo mismo y se dispuso a abandonar el salón sin perturbarla.
Intentó pararse lo más sigiloso que pudo para pasar desapercibido. De un momento a otro Lidia abrió sus ojos y le miró. Lo reconoció enseguida y preguntó gritando que hacía ahí.
El no supo que decir.
—Lo siento, no quería gritarte, es que estaba escuchando música a todo volumen... ¿Qué haces aquí? —dijo de nuevo, con más suavidad, asumiendo que la sorpresa en el rostro de Gael se debía a sus gritos y no a la situación en general— pasó algo? — preguntó con cierta inocencia en la mirada.
De repente Gael sintió que la cobardía le cosquilleaba por todo el cuerpo, se sentía como si lo hubiesen atrapado cometiendo un crimen.
—Fui a verte y no estabas. Mariela dijo que podrías estar aquí. — Se metió las manos en los bolsillos instintivamente y siguió tratando de terminar su idea —estábamos preocupados…—agrego vacilante—...por ti.
Ella echó a la boca su dedo índice y empezó a morderse la uña.
—Lo siento yo...no quería preocupar a nadie, es que…
La puerta del salón se abrió, un guardia nos pidió abandonarlo ya que pronto cerrarían.
Lidia empezó a guardar todo y no hizo ningún intento en acabar su oración. Gael tampoco sabía cómo continuar la conversación, simplemente se dedicó a seguir sus pasos y adelantarse a abrir la puerta. Lidia cruzó la puerta primero y mientras Gael le sostenía la puerta alcanzó a observar lo nerviosa que se veía, de echo temblaba un poco. Aunque él tampoco estaba muy tranquilo, tenía las manos en los bolsillos para aparentar un poco de calma.
Fuera del salón ella se quedó quieta contestando algo en su celular, Gael a su lado manteniendo cierta distancia vacilaba en que decir o hacer. Alguien apagó las luces del pasillo en el que estaban y esa oscuridad repentina le indicó a Gael que era un buen momento para hablar, porque dudaba de ser capaz de mirarla a la cara.
—Prometo que no volveré a molestarte. No quiero que vengas a sitios como este a llorar por mi culpa…
No se consideraba alguien cobarde, pero con Lidia nada es como él creía. Dijo eso y sintió un impulso incómodo que le exigía salir corriendo. De todos modos, sacó a relucir su aplomo y se quedó viéndola, con la seguridad de que ella no podía ver su rostro tan claro como el si podía ver el suyo gracias al brillo de su teléfono. Lidia tenía el cabello medio revuelto por recostar el rostro en su mochila y un mechón le cubría parte del rostro. Gael lo apartó lentamente de su rostro y vio como una lágrima pequeñita le recorrió la mejilla. A la velocidad de una estrella fugaz.
Entonces interpretó aquello como un buen momento para salir de ahí, esa lágrima lo decía todo. Ella le odia y hasta las lágrimas, claramente.
Se dispuso a caminar y la dejó ahí. Sabía que aquel gesto resultaba muy descortés, sobre todo en esta oscuridad dejarla allí por su cuenta. Pero no podía soportar esa punzada tan dolorosa que tenía clavada medio a medio, era como si la muerte se le estuviera insinuando debido a su intensidad.
La escuchó dar unos pasos y detenerse, su celular cayó al piso. le escuchó maldecir en un susurro y pudo adivinar que se había inclinado a buscarlo. En el silencio del horario incluso se escuchaban sus dedos deslizándose por el suelo sin poder encontrarlo. Si no la ayudaba alumbrándole con la linterna del propio teléfono lidia tardaría una eternidad en encontrar el suyo.
Regresó hasta ella y alumbró en distintas direcciones hasta que dio con su destino y mantuvo la luz enfocando ese punto para que ella lo tomase. Pero ella no se movía.
Gael dirigió la luz hasta alumbrar el cuerpo de Lidia y la vio de cuclillas, solo podía ver su cabeza. Se inclinó para ver qué le ocurría y los ojos de Lidia, hinchados por el llanto e inyectados de sangre le miraron fijamente.
—No te odio, jamás podría…— Dijo eso casi si aliento y volvió esconder su cabeza tras su cabello.
De pronto el mundo se volvió un lugar mejor.
Pensó en declararse o algo parecido, pero rápidamente lo descartó al analizar lo que dijo. Simplemente no lo odia, de ahí a quererlo el camino es mucho más largo.
Cada uno recuperó la compostura como pudo, atravesaron la oscuridad de aquel pasillo. Era como la vida misma, estaban caminando a tientas en las sombras buscando el calor de alguien sin tener certeza de que sigue el mismo camino. Al salir el aire frio los golpeó sin avisar e instintivamente ambos alzaron la mirada para observar el puñado de estrellas que la ciudad permite ver.
Sin muchas palabras cada uno tomó rumbo hasta su propia casa.
Lidia pagó el viaje en taxi y se dispuso a esperar el elevador. De un momento a otro el elevador llegó abriendo sus puertas de par en par. Y allí estaba lidia, mirándose en el espejo de la pared del elevador, sintiendo como si hubiese hecho el ridículo más grande de la historia, decepcionada de que su plan de evadir a Gael no sirviera y confundida por su aparición.
¿Qué pretende?
La pregunta quedó flotando en el aire mientras las puertas del elevador se cerraban.
Lidia tenía tantos sentimientos confusos encima que consideró mejor opción subir las escaleras, tal vez un calambre le vendría bien para concentrarse en algo más.
Al llegar a casa vio a Mariela sentada en el sofá mirando su teléfono. Era claro que la estaba esperando. Si bien ambas eran muy amigas, tanto como para vivir juntas, lidia no era realmente capaz de hablar mucho de sí misma a menos que estuviese en sus momentos buenos y muy agobiada. Esta noche estaba confundida, pero no al punto de necesitar hablar al respecto, por lo que la saludó sin dar importancia a lo ocurrido y caminó directo a su habitación.
Mariela se quedó en la puerta de la habitación de Lidia viéndola sacar ropa de distintos cajones.
— ¿Qué fue lo que pasó? Preguntó Mariela evidentemente preocupada, Lidia no pudo evitar responderle al ver la inquietud en sus expresiones.
Gael cree que le odio.
La amiga no entendió que clase de resumen escueto era ese. No justificaba en lo absoluto escapar de su propia casa ni mucho menos llegar tan tarde. Definitivamente no iba a llegar muy lejos si no elegía las palabras apropiadas, prefirió no bajarle el tono a la conversación y darle algo de ritmo usando lo poco dicho por Lidia.
— ¿Y no es así? Está más que claro que lo odias —La seguridad con la que dijo esas palabras la asustó internamente, sabía muy bien que esa declaración era mentira.
— ¡No! —Respondió Lidia medio ofendida — ¿Por qué haría eso? —se apresuró a agregar.
Mariela pensó que era el momento justo para sonsacarle algo de información a Lidia. Cualquier comentario agradable que dijera sobre el chico le serviría para ir corriendo a contárselo a Gael y evitar que pierda el interés en Lidia. Mariela se encargaría de ser el fuelle que mantenga ardiendo esta pequeña braza entre ellos.
— ¿Porqué? Replicó Mariela sonriendo lista para enumerarle todas sus faltas— Dejaste de ir a sus clases, le hiciste un escándalo cuando te vino a ver y te fuiste de casa para no verlo… ¿Cómo lo verías tú en su lugar?
—Lo único que buscaba era no forzarlo a hacer algo que no desea. Tu misma viste la foto, yo no soy el tipo de chica que quiere cerca. Ni si quiera como clienta.
—Lo de la foto fue hace meses y él ¡ya dijo que lo siente!
Lidia la miró confundida —Él no ha dicho eso— Agregó.
—No a ti...—se atrevió a confesar Mariela— Me contó que se arrepentía de esa fotografía.
— ¿Has estado hablando con él? — De la nada una punzada de celos le clavó el vientre a Lidia, temía haber malinterpretado absolutamente todo. Mariela buscó la forma de no delatarse frente a Lidia, no admitir que Gael había se había confesado con ella. Trató de no mentir, pero tampoco ser sincera del todo.
—¡Claro que hablamos!, ha venido y lo dejas solo por atender tus llamadas. Alguien debe ser cortés en esta casa.
Lidia le miró con tristeza, no importaba que decisión tomaba, parecía ser siempre la mala en la historia.
—No sé qué hacer para que deje de venir…—soltó Lidia abrumada por sus propios sentimientos confusos.
—Te estás ahogando en un vaso de agua. El solo quiere la hora de clases que le debes. Lo necesitas y él está dispuesto. ¿Cuál es el gran problema con eso?
—Me pone demasiado nerviosa tenerlo cerca…— confesó muy afligida.
Mariela intentó contener una gran sonrisa queriendo dibujarse en su rostro. Sabía que "nervios" podía traducirse a me "gusta tanto que me cuesta mirarlo a la cara". Por otra parte, sabe que Lidia es incapaz de verse a sí misma como alguien digno de afecto. Y sospechó que había que darle un nuevo enfoque a todo esto.
—Cuando nos conocimos decías que no querías pasar tanto tiempo conmigo porque te abrumaba. Y ¡Míranos! Ahora vivimos juntas y no sabes cómo vivir sin mi —Señaló sonriente mirando fijamente a Lidia— Tal vez con él sea parecido… nadie te está pidiendo que te cases con él o algo parecido, ¡déjalo hacerte las malditas clases!
El rostro de Lidia se incendió con las ideas románticas que implicó Mariela y, al mismo tiempo se enfrió de golpe al unir la palabra casarse con el próximo evento que será el matrimonio de Camilo y Yamilei. Sonrió con tristeza. Algo le decía desde sus tripas que tener a Gael en casa sería un gran problema a futuro, pero no tenía ninguna excusa razonable para negarse frente a Mariela o Gael.
—Está bien. Tomaré la clase. Solo espero que desista pronto de todo esto, no quiero hacer más abdominales—suspiró.
Satisfecha con la conversación Mariela volvió a su cuarto y allí buscó en su celular el contacto de Gael. Habían intercambiado números telefónicos en caso de que Lidia estuviese en problemas. Ahora, sola en su habitación escribió al chico aun sabiendo que eran las tres de la madrugada.
No sé si estás despierto, pero no quiero esperar a mañana para decirte esto: Lidia aceptó que vengas a casa :)
Te esperamos este sábado.
Esta fue una noche en la que todos durmieron muy bien.