El fin de semana más largo de mi vida, Mert no quería ni hablarme, ni verme y yo tenía un miedo atroz de dejarla y que le pasará algo, al menos ya estaba comiendo, pues encontraba algunas veces migajas de comida sobre la barra de la cocina y eso me tranquilizaba un poco. Dejaba que el agua de la regadera lavara mi cansancio emocional y físico, el mental sería tratado por la tarde con el doctor Fitzgerald, estaba ansioso de verlo, la última sesión me había dejado mucho más tranquilo, había cumplido con el ejercicio diario pero quería saber sí, en su opinión, Mert tenía que recibir tratamiento en casa o sí debía ser internada… de solo pensar esto último sentía ganas de volver el estómago. Daba muchas vueltas sobre mis pensamientos, ¿En qué nos habíamos convertido? Habíamos cambiado tanto

