51. Nada

1736 Palabras

Yo ya había terminado de comer las costillas, tenía ganas de comer postre pero Mert ni si quiera había hecho el intentó por comer algo de pasta. Me acerqué a su cara para levantar un poco su barbilla y hacer que sus ojos me miraran, bajo la luz de las velas se veían de color miel, amaba sus ojos, la forma en la que con la luz se le veían diferentes me enloquecía. —¿Qué pasa cielo? ¿No tienes ganas de pasta? —pregunté a un volumen muy bajo, tratando de no perturbarla. Un pequeño gesto de su parte fue suficiente para que lo entendiera, así que me acerqué para tomar el tenedor y darle de comer en la boca. —Abre amor, abre grande. —pedí, y con ayuda de mi pulgar deslice un poco sus labios para que la comida entrará. Ella estaba débil y nunca me había puesto a pensar que tal vez la comida

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