Un año despues La brisa del mar me acarició la piel, cerré los ojos y respiré hondo. Estaba mucho mejor en la playa que en la oficina, dónde iba a parar. Había decidido que ese día —un miércoles por la mañana— era el día perfecto para ir a la playa. Llegué a esa conclusión después de ver el día que se había presentado en mi ventana nada más levantarme: soleado y agobiante. La ola de calor duraba ya más de una semana, y se me estaban agotando las fuerzas. Podía sentir mis neuronas derritiéndose ya desde primera hora. Sonreí un poco mientras me extendía el protector solar de coco por el brazo derecho, luego el izquierdo. Factor 50. No había mucha diferencia entre el color de la crema y el de mi piel. No solía ponerme morena, pero siendo abril, estaba casi fosforescente. Aunque tampoco de

