Me besó el cuello, me acarició los pechos, recorrió mi piel caliente con sus manos de palmas rugosas. Teníamos la piel resbaladiza de sudor, el calor dentro del cambiador —sumado al calor que estábamos generando—era casi insoportable. —Mi amor… Janine, no quiero acabar, quiero estar follándote horas, me encanta tu coño caliente y estrecho… —dijo con la respiración acelerada. Se notaba que estaba perdiendo el control, en la voz temblorosa, en las embestidas erráticas y cada vez más fuertes y profundas. Yo tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, disfrutando como nunca había disfrutado en mi vida… casi no podía hablar del placer que me estaba dando. Ya no sabía si estaba teniendo otro orgasmo o era el último, que todavía me duraba. —Amor… —conseguí decir con voz entrecortada—. Vam

