Damian se puso de rodillas frente a ella. Las piernas no lo sostenían. –Sí –contestó, entre lágrimas–. Será un honor para mí, Damian . –¿Y te gusta la idea de la adopción? –Me encanta. ¿Cómo no voy a querer adoptar a una niña que está sola en el mundo? Damian la abrazó con todas sus fuerzas. –Mi amor… –Quiero ser la mejor madre del mundo para Sharma. –Y lo serás. –¿Sigues queriendo irte a India? –No, ya no –sonrió Damian –. Traeremos a Sharma aquí. –Podemos irnos allí si quieres. Él negó con la cabeza. –Estoy en casa. He encontrado lo que estaba buscando. tres meses después Janine miraba el increíble tráfico de Calcuta a través de la ventanilla del taxi. Había coches, autobuses, bicicletas, carros tirados por burros… y gente, miles de personas. Y cuando se acercaron a una int

