—Buenos días, querida Alyce. —Faith me abrazó con fuerza. Jake me abrazó y me levantó del suelo, lo que me hizo gritar de sorpresa y reír. Me puso de pie de nuevo y me besó la coronilla. —Parece que te estás adaptando bien. —Sí, gracias. —Le sonreí y él me imitó—: ¿Cómo están disfrutando de su nuevo espacio? ¿Está todo bien? Realmente quería que se sintieran cómodos en su nuevo hogar y en su nueva manada. —Es maravilloso, Alyce, de verdad. Deja de preocuparte. —Faith sonrió tranquilizadoramente. —Bien. No olvides avisarme si necesitas algo. Prométemelo. Vosotros dos me habéis cuidado durante años. Ahora yo me encargo de cuidaros a vosotros, aunque sea de una forma muy pequeña en comparación. —Tonterías. Eres la hija que siempre quisimos. Somos familia. —El tono de Jake implicaba que e

