Cuando se aburrió de estar viendo los gravados tan extraños del anillo, lo dejo sobre la mesa y busco un cuenco donde poner los duraznos que le dejaría al padre Danes antes de que este volviera, los acomodo con cuidado y sobre estos decidió poner una manzana, aunque lo estuviera considerando como un enemigo la verdad era que no iba a dejar de llevarle frutas. Salió de la cocina y se fue caminando por el sendero hacia la cabaña ya que no quería dejar a Trueno solo, entro a casa para tomar una pequeña cartera y guardo en ella el libro de terciopelo rojo ya que era el único del que no se había tomado el tiempo para leerlo, no sabia de que iba y tampoco lo había hojeado, le puso la montura bastante floja porque no pensaba montarlo, tenia mas ganas de caminar y también necesitaba pensar un poco

