Llevaba todo el día dándole vueltas, y aún no tomaba una decisión. Casarse no era como elegir qué sabor de helado querías hoy. No podías decir "uy, me equivoqué" y darle a deshacer. Si Ashton fuera solo Ashton, un tipo con un buen curro y sentido del humor decente, igual me tiraba a la piscina sin pensarlo. Pero no era así. Era Ashton maldito Laurent. El de Laurent Global Holdings, Laurent Towers, el que salía en las noticias por comprar medio país, ese Laurent. Mientras yo seguía derritiéndome en mi piso, Yvaine me mandó un mensaje en mayúsculas: SAL AHORA MISMO. BEBIDAS. SIN EXCUSAS. No hacía falta que gritara, pero bueno. Me venía bien una distracción. Y quién sabe, tal vez un par de tequilas mataran esta indecisión asquerosa. Me puse un suéter rojo an

