Anastasia Aún sentía la ira ardiendo en mi pecho por lo que había sucedido anoche. Los recuerdos eran un nudo que no lograba desatar, pero sabía que no podía permitirme el lujo de distraerme. Tenía trabajo que hacer y una imagen que mantener. Me dirigí a la oficina temprano, como de costumbre. La responsabilidad de ayudar a mi papá con el manejo de la empresa era algo que tomaba en serio, aunque hoy mi mente estuviera en otro lugar. Al llegar, mi asistente, Camila, estaba esperándome con una sonrisa nerviosa y una caja en sus manos. —Señorita Romanov, esto llegó para usted esta mañana —dijo, extendiéndome la caja cuidadosamente envuelta. Fruncí el ceño mientras tomaba el paquete. La presentación era impecable, pero no había indicios de quién lo había enviado. Lo coloqué sobre mi escrit

