Anastasia Estaba frustrada por no poder salir, atrapada entre los muros de mi casa, con nada más que pensar en cómo podría escapar de esa prisión de lujo. Pero ese día, algo cambió. Me llevaron al patio, y allí estaba Dante, el jefe de seguridad, acompañado por cuatro hombres. Todos parecían ser parte de su equipo, pero uno de ellos captó inmediatamente mi atención. Un rubio de ojos grises, alto, con una presencia tan fuerte que era imposible ignorarlo. Su mirada era fría y calculadora, pero también había algo intrigante en él, algo que me mantenía observándolo. Dante, como siempre, estaba al mando y, al notar mi interés, me miró de reojo antes de hacer la presentación. —Anastasia —dijo, dirigiéndose hacia mí—, te presento a Gabriel Miller, uno de los mejores hombres que tengo. Es exper

