Cristo Esta maldita mocosa se durmió, y mi maldito cuerpo no puede evitar reaccionar a ella. Desde que la volví a ver, me he visto obligado a tocarme más de una vez, observando sus fotografías. Cada vez que lo hago, siento una mezcla de frustración y deseo que no puedo controlar. Es tan caprichosa, tan mimada. No sé cómo describirlo, pero cada gesto suyo me provoca una furia contenida. La forma en que actúa, esa arrogancia en su caminar, me irrita profundamente. Pero, al mismo tiempo, hay algo en ella que no puedo dejar de desear, algo que no logro entender ni dominar. Me dormí con Anastasia en brazos. Ella no se movió en toda la noche, y su respiración tranquila me dio una sensación de calma que hacía tiempo no experimentaba. La suavidad de su pequeño cuerpo me hizo sentir más protect

