Amaya Muchas veces creemos que nuestros problemas son más grandes que el de cualquier otra persona. A veces no nos detenemos un segundo a pensar si el que está sentado a nuestro lado se le está cayendo el mundo. No voy a negar que he juzgado al señor ogro más de una vez, pero jamás pensé que venía trayendo una enorme tristeza en su corazón. No sé qué es perder un hijo y jamás podría comparar su dolor con el mío. —Pero mira que nos trajo la reina —pasa su lengua por sus labios mientras una risita sádica aparece en su boca—. Esto lo vamos a disfrutar a lo grande. Bienvenida a tu encierro, princesa. —Si Alaric se llega a enterar de esto perderá su vida, no tiente a la suerte —espeto con asco. Me da un golpe en la mejilla que me hace quedar atolondrada. —¡Cállate, bastarda! —vuelve a g

