Me encuentro en una sensación de nerviosismo, observo a él, y se encuentra en un estado de tranquilidad. No hemos tenido certeza de si ellos nos permitirán salir, aunque me obliguen, permaneceré sujeta a él en momentos de emergencia. Él vuelve a sacar su arma, estamos los dos frente a la puerta esperando que se abra, me mira y me sonríe a modo que me devuelve la confianza, él me sacara de este sitio, en eso la puerta rechino al abrirse, entra la mujer y dos hombres más. —¡Recibimos el dinero, la chica es suya! —dice la vieja de mala gana, dándome una mirada de ira, trato de no verla a los ojos para no provocarla. —Entonces nos podemos retirar, señora. —Desde luego, señor Murray, pueden irse. —Ya veo que trabajan rápido, pudieron saber mi identidad. —Así es, y le aconsejo que no vuelva

