Ahi estoy. Levanté el muérdago. Aquí estamos. Sólo tú y yo y un poco de suerte. —¿Qué estás haciendo?— preguntó rápidamente mientras bajaba la mano. Lentamente, extendí mi mano derecha y rodeé su espalda con mi brazo, lo que la dejó boquiabierta de sorpresa. —¿Qué suele hacer la gente cuando se encuentra bajo el muérdago?— le pregunté mientras la atraía hacia mí hasta que su cuerpo estuvo cerca del mío y pude sentirla temblar en mis brazos. Sus manos descansaron sobre mi pecho mientras bajé mi rostro hacia el de ella. —Se besan. —susurró mientras se apretaba firmemente contra mí y pude sentir la forma en que su cuerpo respondía a la anticipación que crecía entre nosotros. La observé mientras levantaba la cara para que mis labios encontraran los suyos. Su primer roce fue ligero y ti

