Me volví hacia donde estaba sentada Heather y vi que Sarah había sacado nuestros viejos álbumes de fotos. El primero que abrió fue el de nuestra boda. Gracey agarró otra caja de pañuelos y se la entregó mientras todos a su alrededor reían. Sarah se acercó y me agarró de la mano. —Vamos, papá. —me animó. —creo que necesitas estar con mamá para esto. — Vaya. Sí. Vale. Me apreté entre Gracey y mi esposa, que se acurrucó contra mí mientras miraba las fotos del gran día. —Oh, míranos. —exclamó. —¡Y ese vestido!— Sarah estaba sentada a sus pies. —Te veías hermosa, mamá. —dijo nuestra hija. —¡Bella como una foto!— Y así era mientras estábamos allí, del brazo, sosteniendo un ramo de flores entre nosotras, mientras yo sonreía feliz como una loca. Gracey le dio un codazo a su amiga. —Para ser u

