—El sábado solía ser el día para desconectar. Para desahogarme. Para vivir un poco y quizás ir al cine, ver una obra de teatro o cenar en mi restaurante favorito. Pasar un buen rato recargando las pilas para estar listo para volver a salir el lunes por la mañana. De hecho, si llegaba el momento, aferrarme a lo que fuera y follar sin parar hasta que se me pasara la lujuria y pudiera volver a pensar con claridad. Tener un deseo s****l alto tenía sus desventajas. Este sábado me encontré sentada mirando por la ventana de mi apartamento mientras el sol se asomaba por el cielo y las horas pasaban lentamente. Desconectar era lo último que hacía ahora mismo. Más bien, me relajaba mientras mis pensamientos daban vueltas en mi cabeza intentando responder a las preguntas que me hacían. La principal

