Ella no pudo sacarse a los chicos de encima en todo el fin de semana, aunque no hizo mucho esfuerzo tampoco. El viernes Aaron había regresado al mediodía con comida china y la obligó a despertarse para comer algo. Después de atiborrarse los dos de arroz con camarones, rollitos primavera, pollo agridulce y chop suey, se sentaron a ver televisión un rato, hasta que ella volvió a caer profundamente dormida en el sofá. Cuando abrió los ojos de nuevo era de noche y estaba en su cama; del sexy italiano no había rastro, pero en la nevera quedaron las sobras del almuerzo, así que se dispuso a darse un baño para cenar lo que quedaba. Sin embargo, sus planes se fueron al garete, porque cuando salía de darse su larga ducha y lavar su cabello a conciencia, escuchó voces masculinas y el inconfundible o

