Connor No tenían que decirle que estaba actuando como un idiota; él lo sabía muy bien. Ría había sido una excelente anfitriona. Una vez que se tomaron el café, ella les buscó algunos implementos de limpieza, como cepillos de dientes que, según explicó, siempre que iba a un hotel se quedaba con ellos, aunque no los usara. También les prestó toallas para que se ducharan, y mientras él se secaba y vestía en el baño, Aaron la ayudaba a recoger el desastre de la noche anterior. Después de él, entró el italiano. Ría le preguntó si querría afeitarse; le dijo que tenía cuchillas disponibles y una crema de afeitar femenina, pero sin aroma. Aaron declinó; disfrutó del agua caliente, mientras la latina buscaba ropa que ponerse. —¿Cuántos panqueques me va a costar que vuelvas a la normalidad conmig

