Cuando tocaron la puerta de su departamento en el SoHo, Ría jamás se imaginó que se iba a encontrar al monumento del hermanastro mayor de Savannah. Menos que iba a ir vestido con una camisa negra con el cuello abierto, chaqueta de vestir a juego y vaqueros de diseñador, como si fuese a posar para una sesión de fotos. Robert O'Brien era el típico hombre de portada de revista: cabello oscuro y cuidadosamente despeinado, ojos azules, rasgos delgados y masculinos, manos con una perfecta manicura, un Rolex en la muñeca y sonrisa de comercial de pasta de dientes. En resumen, el tipo era un bombón. Y ella tenía a ese bombón detenido en el umbral de la puerta sin saber muy bien qué hacer, porque Ría solo tenía como atuendo una camisa de fútbol americano que le llegaba a medio muslo, medias con mu

