Mostrarse sin máscaras

1212 Palabras
—Alvaro, necesito que me prometas que cuidarás muy bien de Lana. Ella es todo lo que me queda de mi esposa, la mujer a la que más amé en este mundo. —Si don Félix, Lana es para mí lo que fue tu amada esposa Rosa para ti, no te preocupes la cuidaré bien. —Alvaro, tú eres para mí lo que yo esperaba tener, a mi propio hijo de sangre. Ya que no tuve a ese propio hijo, tú lo serás de ahora en adelante. —Lo sé, lo sé, don Félix, no voy a traicionar esa confianza que acabas de depositar en mi. —Te prometo que de hoy en adelante pondré todo de mi parte para que seamos una gran familia. —aseguró Alvaro con ojos brillantes. —Y pronto muy pronto, cargarás a ese niño en tus brazos, a tu queridísimo nieto. Alvaro estaba seguro que pronto embarazaría a Lana, más sin embargo, no sabía que la última palabra lo tendría Lana. Lana había adquirido conocimientos de hierbas, además de Panchita, otra mujer que trabajó en la hacienda, le había enseñado a cómo usar hierbas con propósitos medicinales. Así Lana conoció cómo evitar embarazo no deseados. Lana aceptó el matrimonio con Alvaro más no el hecho de procrear hijos con el. Para Lana, tener hijos no era una opción de corto plazo, cuando estuviera segura del amor de su pareja, quizás lo decidía. Por supuesto, eso no lo tomaba en cuenta ni Álvaro ni su padre. En la cocina, Panchita no hizo preguntas, era su naturaleza ser discreta, sus largos años de servicio, la habían hecho ser así, atender era su trabajo, prestar oídos, sí se ameritaba, nunca intentaría hacer preguntas sobre el asunto de sus patrones. Era por respeto a ellos, a sus principios, o por su propia educación. Lana miró a Panchita devastada. — Qué infeliz soy Nana —los ojos de Panchita se humedecieron. Había aprendido amar tanto a esta niña, era como si fuera su propia hija. Desde que nació, la vio crecer de poco en poco, etapa por etapa, desde su llegada al mundo, luego le vio dar sus primeros pasos hasta caminar, aprendió a correr, a corretear tras mariposas de mil colores, a perder el miedo ante los obstáculos. ¿Cómo no iba a amarla? Ella era su niña. Su hermosa señorita a quien aprendió a querer sin restringirse. —“El destino lo forja uno mismo, Lana” —dijo Panchita tratando de apaciguar su alma adolorida. Panchita nunca se casó y no tuvo sus propios hijos, por lo que aprendió a enfocar todo su atención a Rosa y su hija, todo su cariño a Lana. —Si Nana, lo sé. Voy a buscar mi lugar en el mundo —respondió Lana con voz entre cortada. —Cariño, no dejes que esto pase de nuevo —aconsejó Panchita. —En el mundo, uno debe quedarse con quien le trata con respeto. —Lana sollozó. —Quédate con quien te ame realmente, el buscará la forma de hacerte sonreír —agregó Panchita. —Un hombre que ama, hará lo posible para no perderte, ¿capiche? —hoy Pancha estaba enardecida por el trato que Alvaro dio a su niña. —Si —respondió Lana, aunque no se sentía mejor, pero ya era mucho con que su Nana estuviera aquí a su lado. Pancha le proporcionó aspirinas y luego la acompañó a su habitación. —Nana, prepárale la habitación de invitados a Alvaro, te lo pido por favor —Panchita mas o menos manejaba la situación entre Lana y Alvaro. Lo que no sabía era, las exigencias con que saldría Don Félix a su hija. Terminado la celebración de la boda, más de un invitado se fue con la curiosidad entre manos. Álvaro intentó mostrarse atento y buen esposo, pero más de un puñado de amigos e invitados lo había visto darle un golpe fuerte al rostro de la novia. De por sí, una de las que disfrutó esta escena, fue la misma señorita Aura. Ella había presenciado de primera vista la situación y estaba realmente feliz. Cuando todos los invitados se marcharon, Aura aún seguía allí. Ella todavía quería hablar con Alvaro, pero Beatriz seguía cerca de Alvaro sin permitirle a la mujer estar a solas con Alvaro. Finalmente todos se marcharon, Félix condujo a Alvaro a la habitación de su hija y le dijo. —Mañana podemos elegir entre si van a Cancún o eligen viajar a Venecia, ¿Qué opinas? —Álvaro quedó pensativo por un momento, luego dijo: —Espero que sea donde Lana se sienta mejor. —¡No! —dijo Félix. —Decídalo tú —le dio unos palmadas en el hombro de Alvaro agregó. —Eres su esposo, Lana no ha viajado en ningún lado a excepción de irse a los Estados Unidos para estudiar. —Si —respondió Álvaro —me temo que primero voy a ver que desea Lana, no quiero que entremos a otra discusión como la de hoy. —Está bien, Alvaro, tú decides si quieres darle ese derecho a tu mujer. —Félix se fue a su propia habitación muy contento de ver que su hija ya estaría con el hombre que él escogió para ella. Cuando Alvaro iba a abrir la puerta de la habitación de Lana, justo cuando iba a girar el pomo de la puerta, apareció Panchita a tiempo, ella habló con respeto y dijo: —Señor Alvaro, déjame conducirlo a su habitación. —¿Qué? —exclamó Álvaro. —La niña, bueno, la señorita Lana me pidió que te mostrara la habitación que ocuparás desde esta noche —el rostro de Álvaro se puso rojo. Su expresión lo decía todo. —Yo no pretendo tener esposa y dormir en habitaciones separadas —enfatizó Alvaro. —Señor Alvaro, al menos por todo lo que sucedió, esta noche debería aceptar esta situación —dijo Pancha. —Ya mañana en un mejor momento, ustedes hablan y se arreglan las cosas quizás —persuadió la mujer que los años le había dado sabiduría y experiencia. —Si —dijo Alvaro mirando una vez más a la puerta de Lana. No estaba deseoso de acostarse con ella, ayer le había vaciado el tanque una dichosa diablita, pensó el hombre mientras daba la vuelta y seguía a la señora empleada. Cuando estuvo ya en la habitación, vio que era amplia y bien decorada. A leguas se dio cuenta que esta habitación ya estaba preparado para el. O sea que, las pretensiones de su nueva y linda esposa, era de vivir en camas separadas, en este caso, habitaciones separadas. “Jáh, si crees que me conformaré de tener esposa y vivir como si no lo tengo, estás en un error.” Se dijo para sí mismo. Álvaro se acostó en la enorme cama y suspiró. Ahora lo que importaba era todo lo que había logrado ganar a través de este matrimonio. ¿Y que si Lana quería tratarlo como a un extraño? ¿Qué perdía él? Después de todo, la decisión de su linda esposita era suficiente excusa para buscar el consuelo de otras mujeres, y él tenía a muchas mujeres esperando por el, se consoló Álvaro pensando en la actitud de Lana.
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