Cerré los ojos con fuerza, tratando de convencerme a mí misma que no se trataba de un sueño. —¡Quítate de mi lugar!—fue lo primero que pude decir. Adam se echó a reír a carcajadas, todos alrededor nos veían, haciendo que mis mejillas enrojecieran aunque yo no lo quisiera. Me senté en el asiento que estaba junto a él, derritiéndome en su abrazo. No supe ni siquiera en qué momento se me llenaron los ojos de lágrimas. —¿Qué haces aquí, mi amor?—para este punto, yo no me molestaba en demostrar que estaba emocionada, acariciando el rostro de Adam para asegurarme que estuviera allí. Aún no creía que fuera verdad—¡Dijiste que no podrías venir! —No iba a venir, pero…Margot tuvo la idea de que podía sorprenderte. Fue un regalo de todos mis amigos. Definitivamente me había encontrado con la

