49. DE VUELTA YO. Entre agujas y sueros para la deshidratación, yo abría los ojos por unos momentos, y todo lo que llegaba a ver se quedaron fijos en mi memoria como recortes de una pieza más grande todavía. Recuerdo que veía las paredes blancas, la cortina que daba hacia la calle, escuchaba las voces de unas enfermeras hablando de sus vidas privadas, o no… no podía entender nada de lo que pasaba, solo tenía una tremendas ganas de vomitar y de vuelta cerraba los ojos dejándome caer en esa oscuridad que me llamaba. Pasé en ese estado una semana, dicen que mi cuerpo era fuerte y que luchaba por sobrevivir, pero por dentro me sentía tan debilitado y desganado. Cuando abrí una vez más los ojos, un doctor con lentes feos me miraba a la cara. —Ya estás de vuelta —me dijo, y llamó a la enferm

