Francesca Ya no sentía los brazos, ni mis piernas. Mi cabeza no lograba entender cuanto tiempo había pasado en esta posición, horas, días, no tenía noción de aquello, pero me parecía una eternidad. No podía respirar y me sofocaba el hedor de mi propio olor, las náuseas no disminuían, pero a este punto tenia demasiada hambre. Creo que podría comer cualquier cosa, sin importar que fuera. ―Vamos a estar bien, bebe― susurre, hablarle era lo único que impedía que me volviera completamente loca―. Esto es solo un muy mal momento, pero papi nos va a encontrar, ya verás― una lagrima se escapó―. Tu solo…. Solo sujétate fuerte ahí dentro. Volví a cerrar los ojos cuando el estómago dolió, era un nudo tan duro que incluso respirar me provocaba malestar. Mis labios estaban partidos y llenos de sang

