—Que lamentable— susurré, con la voz casi quebrada y las lágrimas al borde. —Pobre chico— agache la mirada, para que Simón no me mirara. —Si, lo es. Su madre me pidió que lo buscará para llevarlo de vuelta a casa. —En ese caso, yo te ayudaré a encontrarlo— sonreí y lo mire. Después me puse de pie y camine hacia el cesto para depositar la basura de mi café. —Yo debo volver a casa. Simón se levantó detrás de mi —¿Estás bien?— me detuvo. —Si, solo no me siento bien ahora— seguí caminando, las lágrimas ya se habían apoderado de mis ojos y bajaban rápidamente y no quería que Simón me viera. —¿Te llevo a casa?— preguntó, pero yo solo seguí caminando. —No, estoy bien. Puedo volver solo— acelere mi paso. —¿Connor?— el se acercó rapidente. Simplemente lo ignore —Andy, detente. Dijo

