El martes amaneció con el cielo de San Francisco vestido de grises compasivos, una cortina de nubes que parecía querer abrazar la ciudad con su calma sombría. En la penumbra de la mañana, Lexi marcó el número de Albert, una cadena de tonos fríos que culminaron en la vacuidad de un buzón de voz. No hubo respuesta, solo el eco de un silencio que parecía expandirse con cada minuto que pasaba. Intentó una vez más, pero no hubo respuesta como la vez anterior. Charisse se encontraba en la clínica, una amalgama de blancos estériles y luces suaves que intentaban ofrecer serenidad. Sentada en la sala de espera, su mano encontró la de Jared, un anclaje a la realidad cuando cada fibra de su ser parecía querer escapar de lo que estaba por venir., el miedo no lograba irse de ella. Fue entonces cuand

