Aquella noche también apenas durmió. Tenía dos noches sin poder dormir bien a causa de Albert Smith. No era su intención desvelarse, pero… ¿cómo no hacerlo? No sabía nada de él. Ya empezaba a sentirse preocupada. Charisse, con la ansiedad a flor de piel y el teléfono en la mano, chequea la hora y se da cuenta de que aún es demasiado temprano para llamar a Albert en San Diego. Sabe que necesita distraerse para no caer en la impaciencia, así que decide salir de la posada y darse un paseo por el encantador pueblo que la rodea. El sol apenas está comenzando a asomar en el horizonte, pintando el cielo de tonos cálidos y suaves. La brisa fresca de la mañana acaricia su rostro mientras camina por las calles empedradas, admirando las pintorescas casas y los pequeños negocios que comienzan a a

