El lunes amaneció con una luz grisácea filtrándose a través de las cortinas de la habitación de Albert, aquella cama que ambos compartían por segunda vez. A pesar de la comodidad y el lujo que la rodeaba, había dormido inquieta, revolviéndose entre las sábanas mientras su mente repasaba una y otra vez las conversaciones del día anterior y lo que estaba por venir. Había conocido al padre de Albert y, aunque parecía un hombre amable, Charisse no estaba acostumbrada a tantos lujos y eso la hizo sentir un poco incómoda, pero no se refería a que el señor Smith no le agradara, parecía un señor amable, bueno y brillante, la parte que le molestó era que todo el mundo hablara de ese embarazo con tanta calma, con tanta seguridad. Aquel era el día en el que iban a saber la segunda opinión de otro

