Capítulo: La verdad siempre sale a flote

1473 Palabras

La casa del señor Luis en Monterrey olía a tabaco viejo y a muebles que habían visto mejores tiempos. Las cortinas corridas tamizaban una luz pálida que se colaba entre los recuerdos; el lugar entero parecía contener la respiración. Ramiro estaba recostado en la habitación que le habían dispuesto, con el pecho aún dolorido, la respiración entrecortada y la mirada lejana, como si dentro de su cabeza se repitieran en bucle escenas imposibles de arrancar. Cada movimiento le dolía, cada recuerdo le atravesaba la piel como un frío punzante. Don Luis entró sin anunciarse, con el paso firme de quien ha decidido que ya no hay más llanto posible, sólo cuentas que ajustar. Se quedó un segundo en la puerta, observando al hijo que casi fue suyo, y luego avanzó con la voz cortante, esa voz de hombre a

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