Ellos pusieron precio a la cabeza de Gianni. No eran amigos, eran enemigos acérrimos. O la Famiglia. No guardaba emociones personales, pero sabía dónde estaba parado. El ardor, el dolor y demás saltó con él por la ventana. Su cuerpo trepó en el balcón cuando notó a los hombres caminando con las armas sin molestarse en mirar arriba. Fue cuidadoso de que su sombra no alertara a nadie y se balanceó para poder deslizarse sin problemas al balcón inferior. Tenía brazos delgados pero firmes y trabajados. Su actividad favorita no eran las pesas, era la calistenia, y nadie mejor que Adriano Salerno para manejar su cuerpo entre los bordes de concreto y no morir en el intento. Logró llegar con éxito al segundo piso que de inmediato notó era una sala, cosa extraña, pero en una casa tan grande podía

