No fue hasta la mañana siguiente que Hugo
finalmente recobró la conciencia. Sus ojos de
ébano recorrieron su entorno, dándose cuenta al instante de dónde estaba. Parecía que había
logrado escapar del peligro. Apoyándose en las
palmas de las manos, trató de incorporarse. El
movimiento tiró de sus suturas y el dolor le hizo
soltar un gruñido.
Desde su posición al lado de la cama, Natalia se
sobresaltó al oír el ruido. Cuando levantó la
cabeza, se encontró con su fría mirada.
Sorprendida al ver que le devolvía la mirada, tardó unos segundos en decir:
-Eh ... ¡estás despierta!
Los rasgos de la mujer eran delicados y
hermosos. Habría sido increíblemente bonita si
no fuera por sus labios pálidos y las oscuras
bolsas bajo los ojos. Era evidente que había
permanecido junto a su cama toda la noche.
También había algunas manchas de óxido en su
blusa blanca que parecían sangre seca.
En ese momento, recuerdos dispersos de la
noche anterior pasaron por la mente de Hugo.
Parece que esta mujer me ha rescatado. Después de un rato, habló en voz baja:
-¿Qué quieres a cambio de salvarme? -No tienes que contenerte.
Natalia se quedó paralizada por la sorpresa. Unos segundos después, algo en su cerebro hizo clic y se apresuró a explicar:
-No, no fui yo.
No pensó que él tuviera un malentendido tan
grande sobre lo que había pasado anoche. Sin
embargo, se negó a huir de esto. Si no le decía la
verdad, él nunca la perdonaría si se enteraba más
tarde. «No voy a ocultar esto».
-Anoche, fui yo quien te golpeó sin querer con mi coche ...
Con eso, ella le contó todo lo que pasó anoche,
sin dejar nada fuera. Sinceramente, le preocupaba que él se pusiera furioso con ella. Pero para su asombro, su expresiónpermaneció en blanco y sin emoción. La mirada de sus ojos también era insondable.
Por alguna extraña razón, no parecía importarle en absoluto que ella le hubiera atropellado con su coche. De hecho, ¡parecía incluso un poco aliviado de que todo hubiera ocurrido! Aunque no pudo entender su actitud, decidió que lo mejor era plantear primero el tema de la compensación.
-Señor, aún no he hecho la denuncia a la policía, ya que esperaba resolver este asunto con usted en privado. ¿Cuánto quiere que le pague por esto?
La verdadera razón por la que no había llamado a la policía era porque le preocupaba que las cosas se eternizaran. Pensaba irse pronto
de Ciudad Alvear y no quería que este incidente retrasara su plan. Para su sorpresa, Hugo
respondió cansado con su voz de barítono:
-No hay necesidad de eso.
«¿Este tipo es de verdad? ¿O le he pegado tan
fuerte que ahora es incapaz de pensar con
claridad?»
Preocupada de que ese fuera el caso, tomó nota mental de que un médico lo examinaría de pies a cabeza más tarde.
-¿ Tienes hambre? Iré a buscarte algo para
comer.
Dicho esto, Natalia se levantó y salió de la
habitación para ir a desayunar. De vuelta con la
comida en una mano, llamó a Joana.
-¿Hola? Nat, ¿cómo van las cosas? ¿Está bien
ese tipo? -La voz ansiosa de Joana llegó a través del teléfono.
Había estado muy preocupada toda la noche, pero se abstuvo de llamar a Natalia porque no quería complicar nada. Al mismo tiempo, Natalia se relajó un poco al escuchar la voz de su mejor amiga. Se dirigió a un lugar más tranquilo y
rápidamente le contó todo.
Cuando Natalia terminó, Joana guardó silencio. Era bastante reacia a expresar sus opiniones sobre el asunto por teléfono. De repente, dos voces infantiles llegaron a los oídos de Natalia desde el otro extremo. Claudia la consolaba:
-¡Mamá, no tengas miedo! Iremos al hospital
más tarde para estar contigo.
Entonces, Silvia intervino:
-Mami, Silvia te echa de menos.
-Mamá también los echa de menos a las dos. -A Natalia se le llenaron los ojos de lágrimas. Era la primera vez que se separaba de sus bebés durante tanto tiempo.
Todo sucedió tan rápido anoche que no había
podido tranquilizar a sus queridos antes. Pronto colgó el teléfono, pero se sintió mucho mejor
después de esa llamada. Cuando regresó a la
habitación del hombre, la cama estaba evidentemente vacía. Un vistazo al cuarto de baño tampoco mostró señales de él.
Se apresuró a la estación de enfermería y
preguntó con urgencia:
-Hola, ¿puedo preguntar dónde está el paciente de la habitación 808?
-Oh ... Ese hombre ya ha recibido el alta del
hospital. -La enfermera respondió sin siquiera
comprobar el registro.
Hugo era demasiado guapo para que las enfermeras no se acordaran de él.
«¿Se dio de alta él mismo?>>