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778 Palabras
El Grupo Thompson era una de las mayores empresas de artículos de lujo del mundo. Se especializaba en el suministro de productos de lujo de alta gama, como perfumes, joyas, cosméticos, zapatos, bolsos y mucho más. Extrañamente, sólo hasta este año decidió poner un pie en la industria de la moda. Sin embargo, la empresa de moda recién creada, Indumentaria Thompson, se convirtió en la filial menos rentable del Grupo Thomson debido a la falta de diseñadores de moda con talento. Tomando asiento junto a Joana, Natalia se sirvió un vaso de agua. -Alfredo me recomendó al señor Hugo. Quería que participara en el proyecto Renacimiento. - ¡Eso es genial! - Joana aplaudió emocionada. -Creo que puedes dar en el clavo con tu talento. Para entonces, Indumentaria Thompson generará más ingresos, ¡y tú ascenderás a la fama! No sólo eso, sino que también podremos promocionar a Deseos después de que te hagas famosa. Eso es matar tres pájaros de un tiro. - Pero tendré que dejarte Deseos por el momento mientras trabajo en el Grupo Thompson. No te preocupes por eso. ¡Siempre puedes contar conmigo! -Joana le dio unas palmaditas en el pecho con confianza, dándole seguridad. Las dos se tomaron un tiempo para hablar de sus próximos planes. Cuando Joana se fue, Natalia se duchó antes de meterse en la cama. Al día siguiente, pidió un taxi para ir al Grupo Thompson después de enviar a los niños a la guardería. De pie en la entrada del edificio de oficinas, sacó la tarjeta con su nombre del bolsillo y marcó el número impreso en ella. La llamada se realizó en un abrir y cerrar de ojos. -¿Hola? Natalia se puso un poco nerviosa al oír la fría voz del hombre. Respiró hondo para recomponerse antes de responder: -Señor Hugo, he llegado al Grupo Thompson. -De acuerdo. Por favor, espere un minuto. Enviaré a alguien a recogerla. -Su respuesta fue cortante. Antes de que ella se diera cuenta, Hugo había terminado la llamada. Con eso, ella no tuvo más remedio que esperar en el lugar. Unos minutos más tarde, un hombre con traje de negocios apareció. La evaluó por un momento y le preguntó: -¿Es usted la señora Sainz? -Sí, lo soy. El hombre se ajustó sus gafas sin montura. -Hola, señora Sainz. Soy el asistente del señor Hugo, Salvia. El señor me ha enviado a recogerla. -Encantado de conocerlo, señor Cajal. -Natalia hizo una leve inclinación de cabeza. Salvia le devolvió el saludo con una sonrisa cortés. Luego, le hizo un gesto para que entrara. -Señora Sainz, por favor, sígame. -De acuerdo. -Ella cogió sus cosas y lo siguió. En cuanto Salvia la llevó al despacho del director general, se fue a preparar el café. Mientras tanto, ella se quedó sola frente al hombre que desprendía un aura prepotente. Sentado detrás de su escritorio, Hugo dejó a un lado los dibujos de diseño antes de fijar sus ojos en ella. -Me los dio Alfredo. Dijo que eran algunos de tus mejores diseños. Para ser sincero, estoy bastante decepcionado porque tu estilo de diseño de lujo ligero está muy dirigido a un nicho de mercado, que no es lo que queríamos. El concepto de Proyecto Renacimiento es todo lujo y moda de alta gama dirigida a consumidores de alta gama. El corazón de Natalia se hundió en ese instante. «¿Quiere decir que no estoy cualificada? -Pero ... -Volvió a hablar. Su corazón dio un vuelco mientras un brillo de esperanza aparecía en sus ojos. Cerró las manos en puños, tratando de calmar su ansiedad. -Por favor, siga adelante, señor Hugo. -Pero por sus diseños, puedo decir que tiene un gran sentido del estilo y capacidad estética. Para el próximo mes, tienes que proporcionarme diez bocetos para el proyecto. Si apruebo tu diseño, te dejaré ocupar el puesto de diseñador jefe del proyecto. -Después de eso, colocó un documento delante de ella. Natalia echó un vistazo a las palabras «Detalles del proyecto Renacimiento» impresas en la primera página. Incapaz de creer lo que oía, volvió a preguntar para confirmarlo con él: Señor Hugo, ¿es esto real? ¿Me dejará convertirme en el diseñador jefe una vez que apruebe mi diseño? Hugo notó que en sus ojos brillaba un destello de determinación. Levantando la ceja, la tranquilizó: -Soy un hombre de palabra. Ella cogió el documento mientras pronunciaba con confianza: -¡Genial! Definitivamente me convertiré en la diseñadora jefe. Hugo estaba aturdido, y sus ojos se oscurecieron al ver su brillante y confiada sonrisa. En ese momento, Salvia entró en la oficina y le trajo una taza de café.
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