La cara de Dante es un poema al escuchar mis palabras y por un momento, siento el calor en mis mejillas por lo que sea que él puede pensar de mi declaración. No lo llevo a ningún lugar raro, pero eso seguramente se entendió así. Me ocupo de aclarar eso con la mayor soltura que puedo mostrar y sigo sonriendo, sin perder la cordura. —Te voy a presentar a mis tíos y a mi prima. Ya conoces a los demás —le comento, tirando de su brazo mientras caminamos hacia la cocina. La puerta, que debería ser fácil de abrir, de repente se traba y con el impulso que llevo, por huir de mis locuras temporales y por querer arrastrar a Dante hasta donde mi familia está, termino con mi acompañante pegado a mi espalda porque hace de muro de contención. Impacto en su pecho y su mano, la que no llevo yo como

