Todavía me tiemblan las piernas. No sé si por lo que pasó anoche… o por lo que siento ahora mismo. Quizás por ambas cosas. Estoy acostada boca arriba, con las sábanas cubriéndome hasta el pecho, y una parte de mí todavía no logra procesar que esto, todo esto, es real. Que me entregué a él sin pensarlo. Sin proponerlo. Sin planearlo. Lo hice. Y no me arrepiento. No fue solo sexo. No fue solo deseo. Fue algo más profundo, más tierno, más íntimo que cualquier otra cosa que haya sentido. Dante no solo me tomó como si fuera suya… me sostuvo como si yo valiera cada maldito segundo de su atención. Como si cada parte de mí mereciera ser adorada. Y lo fue. Me besó como si lo estuviera esperando desde hace años. Me tocó como si conociera cada rincón de mi cuerpo desde siempre. Me hizo suya… pe

