Capítulo 4

1081 Palabras
Ginevra —Padre santísimo. Me desconecto de toda la charla mientras todos se despiden, viola, a mi lado repite fiel, los votos del cura mientras yo la observo. Habían transcurrido dos días desde que perdí mi virginidad y no volví a encontrarme con Domenico, él tampoco me había buscado y eso me lastimaba un poco, Pero fui una zorra al acostarme con él sin conocerlo y una estúpida por creer en sus palabras, de que me buscaría. Cuando todo termina, tomo la mano de mi futura cuñada y camino con ella fuera de la iglesia, Pero me detengo al ver que la mayoría de los feligreses se congregan entorno a un hombre, ¿O son Dos?, no lo sé desde mi lugar solo puedo ver el cabello de uno de ellos, ya que ambos me dan la espalda. —¿Quienes crees que sean? —le cuestionó. —El don de la casa nostra. — ¿La mafia? Cuestionó sin entender que hacia la mafia Italia en Chicago, sabía que había mafias, Pero pensaba que nunca venían por aquí, ya que había solo familias muy humildes y que no estaban involucradas en sus negocios ilicitos. «Que yo supiese» —Si ginevra. Me responde, Pero antes de que pueda decir algo mi padre se pone frente a nosotras. —Vayan al auto. —ordena— no las quiero por aquí. Miro a mi cuñada y ambos obedecemos a mi padre, yendo directo hacia el auto, porque ambas somos así de obedientes, para eso nos educaron. Cuando subimos al auto, nos sentamos una al lado de la otra mientras vemos por la ventana, para poder entenderte un poco mejor el escándalo. —¿Que crees que quiera el jefe de la mafia en Chicago? —Tiene capos aquí. —me responde— Además sin su aprobación muchas bodas no se concertan. La sorpresa me inunda, vaya que hay cosas que no conocía de la mafia.... —¿Cómo sabes tú eso? —Tu hermano me lo dijo. Bien, si mi hermano se lo dijo es verdad, mi hermano siempre sabe todo lo que ocurre en Chicago. Mi celular vibra en mi cartera y lo tomó, haciéndome a un lado para que mi amiga pueda ver lo que está ocurriendo. Número desconocido: ¿Quieres cenar hoy? Yo: ¿Quien habla? Número desconocido: Domenico, querida. Mi corazón late a toda velocidad al ver el mensaje ¿Encerio es él?. Yo: ¿Cómo se que eres tú? Número Desconocido: ¿Hace unos días sangraste sobre mi polla, picolla y hoy me preguntas si realmente soy yo? Padre santísimo. Mis mejillas arden mientras leo el mensaje, bien tal vez si es él. Yo: Hoy no puedo. Voy con mi familia a comer luego de la iglesia. Número desconocido: Una buena chica católica. Mañana pasaré por ti a tu casa. Yo: Okey. Guardo mi celular en mi bolso y con una sonrisa estúpida, vuelvo mi atención a mi amiga, que observa el espectáculo, aún presente por la ventana. —Parece que ya se fue. Dice y veo a mis padres, junto a mi hermano dirigirse a nuestro auto, mi padre está con él ceño fruncido mientras mi madre le dice algo a mi hermano, Pero todos hacen silencio al entrar al auto. «Que extraño» —¿Cómo va la tesis ginevra? Cuestiona mi padre mientras sube al asiento de copiloto, mi madre sube al asiento de atrás, con mi cuñada y conmigo, mientras mi hermano va de piloto. —En unos meses la termino. Le respondo, aunque no soy la persona más feliz con mi carrera, es algo con lo que podré ayudar a mis padres a dirigir sus negocios y además no me gustaba ninguna carrera, llegué aún momento que no sabía que estudiar y pues mis padres y mi hermano me dieron una idea. —Entonces ya es hora de que dejes el bar —dice mi hermano— Esos trabajos no son dignos de una señorita como tú. Si mi hermano tan solo tuviera una idea. —¿Y que les dijo el don? Cuestiona viola con interés, Carlo la mira a través de el espejo retrovisor, el amor claro en sus facciones. —Nada importante, por ahora. Mi casi cuñada, asiente mientras deja su cabeza caer sobre mi hombro, dejo que mi mirada estudie los altos edificios del centro de Chicago y cuando nos detenemos en el restaurante familiar todos salíamos en silencio. Nos dirigimos hacia la mesa especial para los Rossi y debí de saber que mi familia se traía algo entre manos por la manera en que todos estaban tensos y lanzando miradas entre si. —Escuché que el don estaba en el bar él viernes —mi padre, le lanza una rápida mirada a mi hermano— ¿Qué hacía allí? —Estaba estresado por lo de su matrimonio. —Esa mujer con la que está casado es una zorra. Le lanzo una rápida mirada a mi madre, sin entender porque insulta el honor de una mujer, tomo mi vaso con agua. —Se entregó al don, sin conocerlo imagínate tú. Me atraganto con el agua y mi padre se acerca rápidamente a mi dando palmadas en mi espalda. —Oh picolla, en ocasiones eres muy tonta. Mi padre sonríe en mi dirrección, mientras habla y luego se dirige nuevamente a mi hermano. —Y ahora es su esposa. —Toda una cualquiera —se queja mi madre— Debió de casarse con una italiana como dios manda y no con una mujer de su calaña. ¿Qué haría mi familia si supiera que me acosté con un hombre que no conocía?, ¿Del cual solo sabía solo su nombre?. Sería bastante vergonzoso para mí, ellos no me educaron de esta manera, me educaron para ser una mujer de dios y entregarme a mi esposo en cuanto me casara, no para hacer las cosas que hize. —Como están las cosas con los rusos espero que ella sea la primera en pagar. —Mamma. —murmuró, aún sabiendo que si yo estubiera en el lugar de la mujer del don, me dolerían sus palabras— Es un pecado desear la muerta. —Ginevra, las mujeres como esa se merecen muchas cosas peores. Me quedo en silencio mientras ellos continúan hablando sobre aquello que no entiendo, que es sobre la mafia, si hubiese sabido que todo lo que estaban diciendo era algo con lo que me vería frente a frente más adelante.
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