Alexander abraza feliz a Octavio y ambos lloran de nervios y emoción. — Basta, me van a hacer llorar a mí también, si siguen llorando los dos, dice Fabricio. Menos mal que no te volviste al campo Alexander, sino yo también estaría ahora trabajando en el campo, dice él. — Y yo también, dice Octavio sonriendo. — No, hijo yo hubiera hecho cualquier cosa para que tu cumplas tu sueño de estudiar, si yo no lo hubiera podido hacer y más si notaba la inteligencia que heredaste de tu madre, dice Alexander. — A mí me parece que la herede de ti, más que de mi madre, yo te veo a ti trabajar y me pareces que eres muy inteligente, dice Octavio. — No, Octavio en la escuela era ella quien me ayudaba a mí, Valentina es mucho más inteligente que yo, solo que no tuvo la suerte de seguir una carrera. A

