Alicia avanzaba entre el polvo y el ruido metálico de la obra como si cada paso pesara el doble. Esa ala del hospital estaba a medio nacer, un esqueleto de concreto con cables colgando como nervios expuestos, y ella no podía dejar de sentir un nudo incómodo en el estómago. Había arrastrado a Mael hasta allí con la excusa técnica de evaluar cámaras y seguridad. Necesitaba separarlo del grupo para que le acompañara a ir a ver el hospital, como el encargado de las cámaras, tenía el permiso de inspeccionar incluso las alas que no estaban dentro de la obra. pero ese hombre, era imposible. Permanecía en una esquina, serio, tablet en mano, revisando planos y puntos ciegos. No hablaba si no era necesario. No miraba alrededor más de lo justo. Era como si el caos de la obra no lograra atravesar la

