—¿Cuándo pensabas hablarme de la corona que envió la Reina? —inquiero en tono casual. Julissa devuelve la taza a su lugar. —Hoy, mi prioridad ayer era instalarme, ¿entiendes eso? Dejo que mi silencio le conteste. —Veo que no, parece que tu nueva posición te ha hecho perder el piso, te has vuelto arrogante pese a tu simpleza. Ignoro su comentario y coloco los codos sobre la mesa; este es un comedor demasiado grande para nosotras dos, sí se hubiera sentado en el otro extremo, mi desayuno estaría siendo más llevadero. —Que no pase de hoy —le advierto. Y no puedo reprimir la siguiente pregunta:— Julissa, ¿a qué te refieres con eso de “no conocer nada de los Creel”? Ella no reacciona, pero responde. —A diferencia tuya, yo no he trabajado para una chica caprichosa, cuyo único merito es l

