Fanny exageró en las precauciones. Para llegar a Matsson tenemos que recorrer interminables pasillos y salones libres de invitados y empleados hasta por fin alcanzar el extremo sur del palacio. Dentro de una pequeña sala casi vacía está el señor Matsson, tiene las manos unidas detrás de la espalda y mira el oscuro bosque que se extiende más allá de los ventanales. —Señor Matsson —saludo y él se gira enseguida—. Un placer volver a verlo. Sorprendido por mi repentina llegada se inclina en una torpe reverencia. —Alteza, el placer es mío. Fanny cierra las puertas discretamente y asegura el pestillo. —Lamento mucho haberle sacado de la fiesta —digo sin moverme—, pero es urgente que hablemos. Y de la nada una chica sale de las sombras para unirse a Matsson. Doy un respingo y Fanny se me ac

