Sus enormes lentes de sol casi le cubren todo el rostro, y sus altos tacones resuenan en el suelo cuando comienza a andar hacia nosotras. No viene sola, la sigue Jade, él fue su chófer. —Alteza—saluda Julissa y ambos se inclinan en una reverencia. Con un gesto que he aprendido de Emma, despido a la ama de llaves y a Jade. No entiendo que hace Julissa aquí y así se lo hago saber en cuanto nos quedamos solas. —Fue su marido, el Príncipe me llamó en la madrugada y me ordenó venir aquí enseguida—su explicación es altiva. Ambas sabemos el motivo por el cual Gian quiso que viniera. —Tu Príncipe no está aquí, y así será por tres semanas—le informo cruzándome de brazos. Me muestra una sonrisa engreída. —Tuve que hablar personalmente con el Rey, el Príncipe dijo que era en carácter urgente qu

