La puerta sonó dos veces. El guardia frente a Aron lo miró discretamente antes de volver a tocar.
—¿Quién es? —habló la voz de una mujer desde adentro.
—Aron Blackhole mi señora. —anunció el guardia.
—Hazlo pasar.
Aron se puso firme y entró en aquella habitación. El aroma floral apareció enseguida. A diferencia de las demás habitaciones en esta fortaleza, la alcoba de Myli era prácticamente un jardín.
Cada que visita esta alcoba Aron no podía dejar de sorprenderse. La cama gigantesca a su izquierda rodeada de macetas con flores, en medio una mesa redonda. Cada flor estrictamente ordenada en filas de macetas, ningún rastro de polvo o arena en suelo de mármol.
Aron observó la línea de macetas con flores que está a su izquierda. Eran nuevas.
—Siéntate Aron.
La voz de Myli llegó con severidad. Aron sabía que esa voz llena de orden era un mal augurio. Myli era una mujer ya anciana, fue prácticamente una benefactora desde que Aron llegó a este lugar. Siempre tan condescendiente con él, lo mimó como un hijo y jamás lo trató tan severidad.
—¿Está enojada mi señora?
Myli hecho dos turrones al té y revolvió con suavidad mientras lo miró con una mirada que no refleja enojo, pero sí decepción.
—Por qué lo estaría. ¿Hay alguna razón?
Aron tomó la taza de té que le fue entregada.
—Supongo que no mi señora.
—Claro, por qué me enojaría que te cases sin mi aprobación.
Y comenzó. Aron soltó un suspiro largo.
—Mi señora, yo…
—Por nuestras leyes, lo que has hecho es adulterio Aron.
Aron dejó la taza en la mesa con suavidad.
—Myli, no diga algo como eso en público.
Myli dejo también su tasa de té. Aron, frente a ella, no parecía perturbado por su enojo.
—Si lo que querías era rechazar mi propuesta, solo tenías que decirlo y no llegar a tales extremos, Aron.
Aron se recostó del respaldo de su silla.
—No me case por ese motivo. Téngalo en cuenta.
Myli abruptamente abrió sus ojos llena de asombro por la afirmación de Aron. El jardín siempre hermoso pareció oscurecerse, la mesa tembló cuando Myli se puso de pie.
—¿Me dices que amas a esa chica? —cuestionó. —De ser así, no me opondría a ti felicidad.
Aron dudó viendo el rostro lleno de sinceridad de Myli. Podría mentirle y acabar con todo. Pero esta amable y perturbadora señora, no era alguien a quien Aron pudiera mentirle y sentirse orgulloso.
—No podría llamarlo amor.
Myli desdibujó su sonrisa.
—¿No? Entonces ¿Qué es?
Aron siempre calmado, encogió los hombros y bebió un poco de té.
—Necesitaba casarme. ¿No es lo que dijo usted?
Esas palabras encendieron una hoguera en Myli quien cruzó los brazos y volvió a tomar asiento.
—Ahora usas mis palabras en mi contra. Dijiste que no se trataba de mi propuesta.
—Nunca he dicho algo como eso.
—Pues yo sí lo he dicho, Aron. Tienes la edad para casarte, tener hijos y fomentar una familia.
—Justo eso, intento.
—¡No! —se exaltó. Aron alzó una ceja molesto. Myli suspiró, se calmó y se acercó su mano al hombro de Aron. Hizo presión con sus manos, no el tipo de fuerza que lastima, sino del tipo que te reconforta.
—Mi niño, eres hermoso, tienes una gran herencia y un título importante. Y yo quería proteger eso. Si solo aceptarás mi propuesta.
Aron miró con fuerza a Myli. No con enojo, sino como un regaño.
—Mi señora. Creo que no ha tenido en cuenta nada. La unión que usted desea no es posible. Ya lo habíamos hablado.
—Claro que no, Aron. Loren es la mejor recompensa que podrías tener.
Aron se sobó la frente. Eso no era una recompensa, más bien una tortura.
—Cuando te ofrecí a Loren como marido, no fue una ofensa para ti. No quiero que seas solo un consorte, hablo de una boda real.
Aron nuevamente sintió aquel peso de esos ojos. Myli parecía ignorar el peso que conlleva ser el esposo oficial del canciller. Es un puesto muy importante, tan significativo que incluso Connor jamás desposo a nadie hasta después de ceder el puesto Loren.
Normalmente, existe el nido, aquel lugar donde van a parar todos los consortes. Aquel puesto de consorte no es solo fachada, está arraigado a temas políticos y muchas veces tratados de comercio y paz.
Se considera que un canciller debe de aspirar a una relación poligámica. Pero por ley a la cultura y las tradiciones, una vez una pareja estén casadas debe ejercer la monogamia. Cosa que en el caso del canciller podría llegar a desatar caos político.
Para una unión política, ya sea con el canciller u otro noble, se aplica la poligamia, es un régimen donde el consorte no tiene derechos de exigir nada a su dador, no tiene derecho de herencia, ni de título o apellido.
En cambio, a una unión matrimonial, la pareja ejerce la monogamia y con ella, los beneficios de un matrimonio legal.
—Para ser sincero, señora. Ni siquiera comprendo como es que apliqué para algo como eso. Ambos sabemos que ese sujetó no es capaz de ejercer la monogamia.
Myli asintió con precipitada afirmación, lo que Aron decía era cierto.
—Tienes razón, pero con la persona correcta de seguro podrá cambiar.
—¿Y cree que esa persona soy yo? —Aron se burló abiertamente. —Es imposible y absurdo mi señora.
—Yo creo que es posible. Ambos se conocen de años.
—Al igual que todos en este lugar. Muchos crecimos juntos.
Myli soltó un suspiro.
—Escucha Aron, no lo comprendes, lo entiendo, pero yo puedo ver esa conexión que para ti es invisible.
Aron negó con la cabeza.
—Mi señora, no pierda el tiempo. Si quiere a alguien adecuado, mi hermano me parece una mejor opción.
Myli arrugó nuevamente las facciones.
—Es imposible.
Aron se puso de pie.
—Lo mismo pienso yo. Es imposible.
Aron le dio un beso en la frente a Myli.
—Por favor, no me complique más las cosas.
Aron salió de la habitación con tranquilidad. Miró hacia el techo. No comprendía desde cuándo la señora Myli había comenzado a planear algo tan absurdo. Tal vez desde el comienzo, eso tendría sentido, todos los afectos que Myli tenía sobre él ahora cobraban sentido.
Se sentía un poco culpable por Ixel y Rubí. No podía simplemente confesar que sus presencias aquí era solo una manera de evitar las ideas de Myli sobre él.
—Esa conversación no salió muy bien ¿O sí?
Aron miró a Brian. La chica apareció de la nada. Aron la saludo como siempre.
—Tú también sabías sobre esta locura ¿No?
Brian se encogió de hombros.
—¿Cuál es problema? Es una buena oportunidad.
Al ver a Aron contorsionar su rostro en desagrado, Brian se bufó.
—Solo digo que no todos tienen la oportunidad de casarse con un canciller.
—De seguro cualquiera lo evitaría si conocieran como es el canciller.
Con una sonrisa coqueta, Brian habló.
—Quién sabe Aron, siempre hay personas que buscan emociones fuertes.
Aron cerró los ojos con pesadez. Todos en esta familia eran bastante raros.
—Por cierto, tu mujer salió muy enojada de aquí.
—¡Que!
—No sé, los guardias solo me informaron de su precipitada salida.
Aron sobó su frente nuevamente. Aron era el tipo de persona que siempre buscaba la paz, pero desde que se casó todo parecía ir empeorando.
—Nos vemos después.
No sabía qué pensar. Si rubí se enojó, solo podía culpar a Loren, sin embargo, no podía negar que Rubí tampoco era la mejor en cuanto a personalidad.
Lo que sea que paso en aquella habitación, era mejor que lo resolvieran ellos mismos. Aron no se involucraría en disputas estúpidas. Mucho menos si las dos personas implicadas era su esposa y su jefe y amigo de infancia.
CONTINUARÁ.