No es tan sencillo vestir bien a una embarazada. Quizás para una salida casual, la visita al súper, o el día de la consulta, pero para una recepción, una fiesta donde habían abogados, jueces e inversionista, para eso hacía falta escoger una buena pinta y también maquillaje que no me hiciera parecer como una quinceañera embarazada, o sea, evitar que notaran mi metida de pata. Para eso, al salir del trabajo y previos mensajes enviados a Naomi, mamá, ella y yo nos fuimos de tienda, yo traje parte del dinero que Fernando me hacía ahorrar pero mamá insistió en cancelar con su tarjeta, al cobrar yo podía pagarle. Entre las tres caminamos el centro comercial buscando la tienda adecuada, por supuesto que tenía que ser una de embarazada, pero con ropa actual, nada muy pomposo, ni rígido, ni muy

