–Tienen una tarjeta. –Me dijo Erika acercándose conmigo para contemplar las bellas rosas rojas bañadas con escarcha brillante. Dos docenas de estas flores iban acompañadas de ramas delgadas de flores blancas, pompones y la tarjeta. Doblada, blanca y con el membrete de la floristería. –Dime si necesitas intimidad, pero me muero por saber quién fue. –Siguió diciendo ella, y no estábamos solos. Cristhian estaba muy serio mirándome y Gilmar se moría de la curiosidad a distancia. Tomé la tarjeta después de acariciar mi panza, ya era un gesto que venía conmigo. La abrí. Tal vez mamá quiso darme esta sorpresa, tal vez entre todos quisieron darme esta sorpresa, tal vez fueron mis amigos del colegio, que además de felicitarme a gritos por mensajes, me enviaron esto. –Feliz cumpleaños, Ema. Te des

