Entonces, perdida en la rabia no solo por descubrir que Ares tenía una prometida, sino también por darme cuenta del deseo indomable de nunca dejar de ser suya, quería asegurarme de que, en caso de que mi corazón hablara más fuerte que mi orgullo, Nataly sería la barrera que me impediría volver con él. —Ares. —Respondí finalmente, después de mirarla en silencio durante todo ese tiempo. Sin mostrar ninguna sorpresa, Nataly arrojó la almohada al sofá y desapareció a la habitación, regresando momentos después con un bate de béisbol en las manos. —¿Dónde vive? Al mismo tiempo, Lily aparecí en la sala de estar, con guantes de cocina para llevar una olla caliente a la mesa de centro entre el sofá y la televisión. —¿Van a jugar? —Preguntó, arrodillándose en el suelo para abanicar los fideos hu

