Nataly me miró y sé que se estaba controlando para no preguntar, así que me apresuré a decir lo que sé, que quería averiguar. —Ya no soy virgen, Nataly. —Anuncié, controlándome para no hablar tan alto. — Y quiero contarte todo, así que perdóname rápido, vamos. — Insistí sacudiéndola por el hombro como una mocosa haciendo berrinche. Apretó los labios y la mandíbula con fuerza antes de mirarme de reojo con la curiosidad escapando de sus poros. —Fue la mejor cosa que he hecho en mi vida y ni siquiera estoy exagerando. — Confesé soñadora. — Pero nunca me dijiste que podía besarme… ¿sabes? Allí, en ese lugar… ¡Me tomó por sorpresa! —¿Qué? —Me miró asombrada.—Ah no, ahora desde el fondo de mi corazón: ¡vete a la mierda! Por supuesto que te dije, joder, ¡el beso n***o es mi religión! —Ah, ¿e

