Capitulo 1

873 Palabras
Narrado Jennifer A mediados de enero, las clases volvían a empezar haciendo que la diversión se acabará y tuviéramos que volver a la horrible rutina. Me desperté y mire mi reloj, lamentándome porque fueran las seis y no podía volver a dormir. —Jennifer, ¡Levantate ya!— me grito mi padre asomando su cabeza por la puerta de mi habitación. — Asher, no grites— le grito mi madre desde el piso de abajo. — Es el primer día de clase, debe despertarse ya— grito mi padre de vuelta y me lanzo un cojín. Me senté en la cama, y mire a mi padre. —Te odio— le dije a mi padre molesta. — Tienes media hora, antes de que salga el coche— me dijo y mi padre, le mire suspirando desde mi cama. — ¿No crees que soy mayorcita para ir sola?— le pregunte y él me miro. — Lucas va llevar a Lisi— me aviso, y le mire. —¿Y si voy con ellos?— le pregunte y él me miro. — Tienes cinco minutos— me dijo saliendo de mi habitación. Lisi, la hija de los mejores amigos de mis padres y mi mejor amiga, era el comodín, si ella tenía permiso para algo a mi me lo daban, y obviamente eso también le beneficiaba a ella. Me levante de la cama sin dudarlo, y me puse a prepararme. Me levante de la cama sin dudarlo, y me metí en la ducha para despertarme de mejor forma. Me puse unos vaqueros y una camiseta, me puse unas zapatillas y baje a la cocina. Mi madre estaba en la cocina preparando el desayuno mientras cantaba tan tranquilamente. — ¿No es mucho desayuno?— le pregunte mientras cogía unos pocos cereales para comerlos. — No es para ti— me dijo y la mire divertida, me dio una manzana y la mire riendo— Lucas ya esta fuera esperando— me dijo y le mire. — No he tardado tanto— me queje y ella rió. — Es un don prisas— me dijo mi madre riendo. Cogí una botella con agua y bese la mejilla de mi madre. — Cuando se levante el enano, le dices que me devuelva la pintura— le dije a mi madre y esta asintió mientras terminaba de hacer las tortitas. Salí de la casa y subí al coche n***o de Lucas, Lisi estaba en la parte de delante y me paso una magdalena. Narrado Elisabeth A las cinco de la mañana ya estaba despierta, para salir a correr, y tras ello, hice mi rutina de yoga para después ducharme y vestirme. Y a las seis y media en punto entre en la habitación de mis padres. — Papa— grite y al ver que no se movía ni él ni mi madre, encendí la luz— Tienes que llevarme a clase, así que despierta ya— le dije y él se quedo en la cama como si nada. — Lucas— le llamo mi madre tapándose con las mantas. Mi padre hizo ruidos raros, y murmuro cosas que no entendí. — Papa, levantate o rompo tu guitarra— le dije haciendo que se levantara de golpe. — Elisabeth, ni se te ocurra— me aviso levantándose de la cama. —Tienes cinco minutos, voy ha hacer el desayuno— le dije. Cerré la puerta, y baje a la planta de abajo para hacer el desayuno. Una vez estaba listo, espere a mi padre pero no llego por lo que subí a a su habitación y abrí la puerta para encontrar me a mis padres besándose. —Por dios, parar— me queje y ellos rieron. — Ya te enamoraras— me dijo mi madre riendo. — Si es de los de mi colegio, paso—le respondí, y eso era verdad, todos los de mi colegio solo se acercaban a nostras por nuestros padres famosos. En ese momento mi hermano entro en la habitación y se metió en medio de mis padres. — Mama, quiero ir en bicicleta con Chris— dijo mi hermano Jason, mirando a mi madre. — No creo que Ali— dijo mi padre aun en la cama. — Papa— le llame molesta, y él me sonrió. — ¿Y si os lleva el tio Asher?— le pregunto mi madre a mi hermano y este salto de la cama. — Perfecto— dijo mi hermano feliz— ¿Me has hecho el desayuno?— me pregunto y le mire. — ¿Eres tonto?— le dije y le pegué en la cabeza— Vete a vestirte— . Mi hermano me miro riendo y se fue a su habitación riendo. — Papa— le dije a mi querido padre cansada. Mi padre se levanto de la cama ya vestido y me saco de la habitación. Los dos bajamos a la cocina y desayunamos, para después ir al coche. — Jenny viene con nosotras— le avise. Subimos al coche y un minuto después, Jenny subió al coche y sabiendo que por las prisas no hubiera desayunado, le di una magdalena. — Eres mi salvación— me dijo ella haciéndome reír.
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