Tenía razón. Ella no quería oír que él la quería. Carrie le desabrochó la camisa mientras el beso se intensificaba y se movía contra él; deseaba sentir cualquier cosa menos el torbellino de emociones que la asaltaba en ese instante. En cuestión de minutos, la ropa estaba en el suelo, y él la empujó contra la pared, levantando una de sus piernas sobre su cadera. La penetró con fuerza, necesitando estar dentro de ella para poseerla y tomarla sin que nadie cuestionara su derecho a hacerlo, ni ahora ni en el futuro. Fue un polvo intenso y fugaz, pero ambos volvieron a la cama satisfechos, aunque por diferentes motivos. Carie se acurrucó contra él y cerró los ojos mientras sus brazos la rodeaban, manteniéndola cerca. Su vida juntos sería una sucesión interminable de batallas, lo sabía Sinclair

